“CONSEJO INCÓMODO.
Mientras sigamos creyendo que amar implica algún sacrificio, vamos a seguir desconociendo el verdadero significado de la palabra.”
Vismundo, notas de una realidad.
“GERMINACIÓN.
Pasa tu mano sobre ésta piel, quita todo el polvo acumulado durante tu espera.
Que aquí en todas partes hay semillas, que quieren brotar con el roce de tu amor.”
— Vismundo, fragmentos idílicos.
“OBSTINACIÓN.
Olvida toda la costumbre que te dieron otros amores.
Que el día de ayer se ha ido, junto con el que fuiste tú.
Déjame sacudir todo ese polvo de amores pasados y enseñarle a caminar de nuevo a tu corazón.
Que quiero regalarte un camino, la noche, el sol, una carta… Quiero regalarte lo más amado de nosotros dos.”
Vismundo, fragmentos idílicos.
“EL ADIÓS.
Era obvio que te amaba, pero tu ausencia fue tanta, que un día te hiciste polvo y yo soplé.”
Vismundo, fragmentos idílicos
TU NOMBRE.
Hay nombres que se vuelven la más pura expresión del amor.
Tu nombre, qué hermosa palabra; dulce, útil ante cualquier miedo y salvadora en todo momento.
CONFESIÓN.
Mi necesidad de amar no es poseer.
Porque te quiero libre y no necesito justificar mi amor pensando que me perteneces.
Hay quienes atan para no estar solos, sin saber que el poseer empieza donde el amor termina.
Y yo no quiero que deposites tu amor en mis manos como quien pone en una pequeña fosa a un ave muerta.
POESÍA SORDA.
Te miro fijamente, te beso y te aprieto contra el pecho.
Tú sin hablar me miras inmóvil y si espanto.
Y me pongo a decirte en voz baja todo el amor que te tengo.
Vuelvo a mirar tu cuerpo con una inmensa y mortal ternura.
Y tus labios permanecen mudos y secos.
… luego me siento de veras triste y solo, porque todo esto lo hago con tu retrato.
METÁFORAS PARA UNA NOCHE.
La luna es un breve milagro para que las noches no sean oscuras, lo mismo que tu cuerpo, lacónico milagro para mis días de frío.
Final de la carta: Mis manos hablan más de ti que mi boca.
“DESEO.
Un día la distancia se va a distraer y vamos a poder abrazarnos.”
— Vismundo, cartas a Dar.
MALA JUGADA.
Hay horas en las que estás más ausente, lo sé, siento.
Y quiero retenerte en un verso, en una poesía de más de una cuartilla.
Pero también toda poesía tiene su punto final y te vas.
… y termino yéndome contigo.